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Para ser Abakuá se necesita…

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Máscara abakuá utilizada en los rituales.LUIS ÚBEDA

Máscara abakuá utilizada en los rituales.

Allá por la década de los cincuenta, un destacado plaza (jerarca) de la Sociedad Secreta Abakuá, expresó a un colega: "los ñáñigos son los masones de África, y nosotros, los cubanos, sus descendientes".

Todo apunta a que la primera Efik Butón (juego, partido, potencia o nación) surgió en Regla, margen oriental de la bahía habanera, alrededor de 1836, compuesta por negros carabalíes esclavos y libres de la rama appapá. A lo largo de ese siglo XIX y la mitad del siguiente, en el Código Penal se sancionaba el ejercicio del ñañiguismo por sus "manifestaciones de violencia, exhibicionismo prepotente, intolerancia, inclinación a tomarse la justicia por cuenta propia…", entre otras tipificaciones.

En Los Ñáñigos, Premio Casa de las Américas 1982, el investigador Enrique Sosa sintetiza: "Abakuá, sociedad secreta exclusiva para hombres, autofinanciada mediante cuotas y colectas recaudadas entre sus miembros, con una compleja organización jerárquica de dignatarios (plazas) y asistentes, la presencia de seres ultramundanos, un ritual oscuro cuyo secreto –celosamente guardado- se materializa en un tambor llamado ekwé, con ceremonias de iniciación, renovación, purificación y muerte, beneficios temporales y eternos, leyes y castigos internos de obligatoria ejecución y aceptación, un lenguaje hermético, esotérico, y un lenguaje gráfico, complementario, de firmas, sellos y trazos sacros constituye, hasta nuestros días, un fenómeno cultural sin paralelo en Cuba y en América (…) De él provienen fonemas, inflexiones del lenguaje y formas sintácticas de uso habitual, así como rasgos psicosociales que sirvieron en el pasado para calificar a los ñáñigos de jaques petulantes, camorristas naturales proclives a la delincuencia hasta por lombrosianas causas natas (…) Desde la segunda mitad del siglo XIX y hasta muy entrado el XX, los ñáñigos fueron acusados de criminales –lo cual, en casos particulares, fue cierto- y brujeros, temidos, vituperados y envueltos en una atmósfera sensacionalista que lucró con el temor, producto de la ignorancia con respecto a la naturaleza de sus creencias y ritos, así como de intereses clasistas, alarmitas, oportunistas y desvergonzadamente falsos, anticientíficos".

Ante todo, para pertenecer a la secta hay que ser hombre de verdad. Pero también buen padre, buen hijo y buen esposo, y desde hace años, según me han comentado ekobios (miembros de una Sociedad) conocidos, "no tener antecedentes penales…" Otro investigador del tema, Jesús Guanche, amplía: "en la medida en que fue avanzando el siglo XX, muchos ñáñigos ocuparon puestos como dirigentes sindicales en los muelles de La Habana y Matanzas. El movimiento obrero se hacía cada vez más fuerte y realmente lo que se produjo fue una asimilación de los abakuá por parte del sindicato marítimo portuario".

Y agrega el intelectual cubano: "Con el triunfo de la Revolución, los integrantes de las sociedades abakuá conservaron sus creencias y prácticas rituales, pero a su vez, se vieron inmersos en el proceso de cambio general que abarcó a toda la sociedad cubana…"

Para reafirmar lo anterior, extraigo este testimonio aparecido dos décadas atrás en la revista Cuba, bajo la firma del colega Jesús Abascal López:

"Y como somos amantes del progreso y nuestra religión no está reñida con los cambios que se han producido en la sociedad cubana, los ñáñigos matanceros van también al trabajo voluntario cuando hay movilizaciones en todo el país. Y tenemos ekobios que son miembros de las MTT y otros fueron combatientes en Playa Girón y en el Escambray, y otros también son internacionalistas, como colaboradores civiles o soldados (…) En una comunidad como la nuestra, la cubana, el poder está en manos de los trabajadores. Y nosotros, los ñáñigos, como trabajadores, nos sentimos parte de ese poder. Así interpretamos nosotros la libertad de cultos, la libertad de reunión, la libertad de creencias…" (Rafael Torriente, por entonces presidente de Ekori Abakuá, unión fraternal de potencias, juegos o tierras de Matanzas).

Ese entorno socioeconómico que hizo brotar este tipo de secta de profundas raíces africanas, fue desterrado a partir de enero de 1959. Antes del triunfo de un combate liberador que duró más de 90 años, múltiples y muy complejas situaciones económicas, familiares, fraternales o personales, incluyeron en el ingreso a la ya centenaria sociedad secreta.

El telúrico empuje de la Revolución cubana, transformó la estructura económica, política y social imperante, eliminó la discriminación racial, aunque aclaro que los blancos también pueden ser abakuá; el desempleo, el analfabetismo, trayendo consigo la enseñanza y la asistencia médica gratuitas, una asistencia social justa y abriendo las puertas al deporte y la cultura a toda la población.

Justo es reconocer que la Sociedad Secreta Abakuá sobre todo ha influenciado en la danza, el habla popular, la literatura, las artes plásticas y en los instrumentos musicales incorporados a las orquestas. Y durante mucho tiempo, seguirá aportando la riqueza de sus mitos y rituales a las formas de expresión y comunicación autóctonas.{mospagebreak}

LA INICIACIÓN

El patio donde se celebra el plante (ceremonia) está colmado de ekobios y algunos makri (blancos) invitados. La jícara de mimba (aguardiente de caña) navega entre numerosas manos. Los ibonos (músicos) extraen de los cueros los sonidos rituales. Da inicio el desfile de los plazas, los indísime (iniciados) y los ekobios en dirección al fambá (cuarto secreto), lugar en el cual se producirá la consagración de los indísime. En el fambá está el iriongo (archisecreto rincón oculto), donde el Iyamba (dignidad abakuá) alimenta y percute el ekwé, el tambor más importante del ritual, encargado de trasmitir "la voz", el secreto del sagrado pez Tanze, núcleo solar de la mitología ñáñiga originada en la nigeriana región de Calibar.

Entre tanto, en el isaroko (ceremonia pública) la gente baila, bebe y come en abundancia. Los iremes (diablitos) gesticulan y danzan al compás de los tambores, el cencerro y las sonajas, para conjurar a los espíritus que rondan el fambá y tratan de interferir la ceremonia. Adentro, los futuros obonekues (hermanos de religión) permanecen de rodillas, descalzos y sin camisa, a la espera de ser "rayados" con las mágicas virtudes del ngomo (yeso amarillo) y recibir los efluvios del incienso, una vez hayan sido bautizados con umon Abasi (agua bendita). Después el indísime bebe la mokuba (licor para el juramento) que lo consagra abakuá y degusta el iriampo (comida sagrada). Pero a este ritual los yénicas (amigos) que no están jurados, obviamente no tienen acceso.

Eso sí: en el isaroko todo el mundo disfruta con el folclore de la ceremonia, en unión de estos hombres abrazados a sus firmes creencias religiosas, a su sorprendente liturgia y esotérico lenguaje, al hermetismo de sus tradiciones, pero que no permanecen ajenos a la coyuntura histórica en que viven y laboran. Porque al cabo de 170 años de instaurado en Cuba, el ñañiguismo continua siendo cantera para el estudio de nuestras raíces y de su cultura nacional. Que nadie lo dude.

 

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