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La Regla de Ocha: Sus valores religiosos en la sociedad cubana contemporánea.

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Escrito por Lic. Ana Celia Perera Pintado. Investigadora del Dpto. de Estudios Socioreligiosos, CIPS

La dinámica actual de globalización y crisis y todos los problemas que han generado en la espiritualidad de los pueblos demandan una atención especial a los valores y a la formación de aquellos que pueden contribuir con la instauración de un mundo mejor. Cuba, en particular, enfrenta hoy un período de crisis socioeconómica muy difícil y en este contexto algunos hablan de crisis de valores por la magnitud de los cambios, otros simplemente de transformaciones, pero lo cierto es que los valores constituyen una preocupación para todos los que se esfuerzan en la recuperación del país.

El artículo que se presenta pretende mostrar una arista poco estudiada de los valores, aunque no menos importante: los valores religiosos. En países como el nuestro donde la mayoría de la población tiene creencias religiosas y la religión ejerce influencia a nivel de la vida cotidiana, el papel de los valores religiosos en la orientación de las personas no debe ser obviado.

Especialmente el artículo se detiene en aquellos valores religiosos presentes en las religiones de origen africano, centrándose en la santería o Regla Ocha por ser la más extendida y de mayor fuerza en Cuba.

Por constituir un modo diferente de cosmovisión, por no seguir la lógica del pensamiento occidental, la presencia de valores en expresiones religiosas de origen africano ha sido un tema prácticamente ignorado. Algunos, incluso, suelen tratar el tema desde los contravalores.

¿ Cuáles son los valores que regulan la vida de los creyentes en la Regla Ocha?. ¿ Cómo limitan o contribuyen al desarrollo de la sociedad en una coyuntura de profundos cambios sociales?. ¿Cómo se ha ido articulando esta expresión religiosa con la situación especial que se vive?. Éstas son algunas de las preguntas que orientan el trabajo.

Tradicionalmente desde la óptica de diferentes disciplinas han sido abordados aspectos relacionados con el contenido de la categoría valores y sus características. Sociólogos, psicólogos, filósofos y antropólogos han investigado sobre valores sociales presentes en la familia y sobre aquellos asociados con la ideología, la moral, el trabajo, lo estético, en fin, sobre la presencia de valores en variadas esferas de la realidad.

En el tratamiento de dicha categoría las opiniones no han sido homogéneas. Unos priorizan su vínculo con características externas de los objetos y fenómenos o con su materialidad, otros acentúan el papel de la subjetividad, hay quienes la centralizan en lo que consideran moral, algunos la asumen desde la óptica social, estudiosos la enmarcan en la personalidad, especialistas la asocian sólo a lo entendido como positivo dentro de una sociedad, y pueden encontrarse los que le atribuyen el sentido de la vida.

El énfasis en cualesquiera de estos aspectos, aunque no necesariamente implique la exclusión de otros elementos en el contenido de la categoría valores, evidencia una diversidad de puntos de partida al conceptualizarla, y de formas de acercarse a su estudio.

A nuestro entender los valores son resultado de un proceso que se da en la conciencia en el que se interpreta de modo peculiar, por el individuo, todo lo que le rodea. De esta manera, los objetos y fenómenos de la realidad con los que interactúa serán valorizados, otorgándoseles determinado papel en la vida. Quiere ésto decir que todo aquello que se relacione de una forma u otra con el sujeto será evaluado en dependencia de múltiples condicionantes sociales y personales; por tanto encontraremos en una sociedad y en un individuo disímiles valores con diferente jerarquía.

Ello implica que los valores penetran todas las esferas de la actividad de los hombres y están presentes en todas las formas de producción espiritual. De este modo como mismo puede hablarse de valores morales, valores materiales, culturales u otros, también existen los religiosos. Aunque poco tratados y a veces excluidos, la presencia de los valores religiosos en los creyentes es innegable. No puede obviarse que para un creyente que por diferentes motivos se acercó a lo religioso y mantiene sus creencias en la idea de lo sobrenatural; para el cuál dichas creencias tienen determinada connotación afectiva, y repercuten en su vida; a la vez que pueden presentársele valores donde lo sobrenatural no constituye un elemento central, también se encuentran los relacionados con su forma de reflejar e interpretar el mundo.

Los valores religiosos muestran todo aquello, que a partir de la referencia a la idea de lo sobrenatural, es significativo para el creyente en la medida en que le reporta utilidad y/o sentido, logra movilizarlo y orientarlo con cierto grado de estabilidad en su vida, de acuerdo a sus necesidades e intereses. Eso responde a lo que cree conveniente conforme a su fe, a lo que considera necesario en su comportamiento religioso, y en lo que debe regir sus relaciones con la idea de lo sobrenatural, con el resto de los creyentes, con la naturaleza y la sociedad en su conjunto.

Los valores religiosos no son exclusivos del comportamiento y relaciones que se establecen dentro de un grupo de creyentes, no son exclusivos del marco estrecho donde se pueda dar la relación entre el creyente y las figuras y símbolos a los que se les atribuye un contenido sobrenatural; ellos trascienden a otras esferas interviniendo en las emociones, sentimientos, pensamientos y conducta.

Al identificar los valores religiosos debe considerarse que existen valores religiosos intrínsecos a la religión y otros extrínsecos o no propiamente religiosos, como pueden ser los universales, que siempre que se vinculen a la creencia en lo sobrenatural se comportan como valores religiosos.{mospagebreak}

En la religiosidad del cubano (1) aparecen un conjunto de valores religiosos que guían, movilizan e intervienen en la vida del creyente. Estos valores adquieren una forma de manifestación específica en la Regla Ocha, expresión religiosa de origen africano; teniendo en cuenta su extensión, popularidad, características de este tipo de práctica, forma de su introducción en Cuba y posterior desarrollo.

Algunos pudieran preguntarse acerca de la importancia del tratamiento de este tema en el contexto de la religiosidad en América Latina. Al respecto puede argumentarse que la Regla Ocha no constituye un fenómeno exclusivo de Cuba. Esta expresión religiosa se ha extendido a países como Venezuela, Brasil, Puerto Rico y México, lo cual evidencia sus posibilidades de proliferación y afianzamiento en el continente. El número de iniciados en Cuba en esta religión procedentes de otras regiones del continente se ha ido incrementando y se hace más habitual el interés de turistas por conocer sobre estas prácticas religiosas y recurrir a sus métodos de adivinación. Los conflictos, crisis de identidad , carencias materiales y espirituales reinantes en este mundo donde prevalecen los problemas de un contexto globalizador han contribuído con la extensión de prácticas religiosas como éstas que implican una nueva forma de concebir la vida distinta a la tradicional occidental

Por constituir un modo diferente de cosmovisión, por no seguir la lógica del pensamiento occidental, la presencia de valores en expresiones religiosas de origen africano ha sido un tema olvidado y cuando se ha tratado, se asocia fundamentalmente a valores negativos o contravalores. Este no es el caso de los valores atribuídos al catolicismo o a la ética protestante. Lo común ha sido escuchar que estas expresiones religiosas no tienen en cuenta lo moral, que desencadenan machismo o, aparecen asociadas a rasgos no positivos de la personalidad, o a conductas opuestas al desarrollo social. Pero pocas veces han sido abordadas las potencialidades que encierran los valores que promueve.

Cuando se realiza un enfoque histórico o sociológico de las diferentes expresiones religiosas de origen africano presentes en el continente es importante entender que los valores forman parte de los mecanismos movilizativos y regulativos de la actividad y que intervienen, junto a otros factores, en la historia que construyen día a día los pueblos; así también su conocimiento permite interpretar en alguna medida la conducta de los hombres y pronosticar sobre el futuro.

Para comprender los valores religiosos de la Regla Ocha es preciso explicar elementos esenciales de esta expresión religiosa. La misma comenzó a practicarse en Cuba desde el Siglo XIX, sufriendo transformaciones posteriores como resultado de un proceso de sincretización en el que intervinieron expresiones religiosas como el catolicismo, el espiritismo y otros cultos africanos.

La Regla Ocha (2) es, de las religiones de origen africano, la más extendida y de mayor arraigo popular en Cuba. Su culto se basa en los orishas o deidades yorubas. Sus concepciones religiosas tienen una gran carga de elementos mítico-mágico-supersticiosos que dominan pensamiento y actuación de los creyentes. La referencia fundamental de esta religión se realiza en función de la terrenalidad, de resolver los problemas y buscar protección en el mundo de los vivos, y en este sentido juegan un papel vital los métodos de adivinación destinados a desentrañar el pasado, el presente y el futuro.

Entre los principales valores religiosos para los creyentes de la Regla Ocha se encuentran, aquellos que se relacionan con la concepción del mundo de los creyentes, el comportamiento litúrgico, y los vinculados a la proyección social. A tal efecto pueden mencionarse como importantes:

-La veneración a la naturaleza.

-La connotación otorgada a sus creencias y prácticas religiosas, tanto en lo que se refiere a la fortaleza que conceden a su fe, como en el respeto hacia sus normativas religiosas.

- El reconocimiento y defensa del grupo religioso como familia religiosa.

- La concepción de que un individuo apoyándose en sus deidades puede intervenir en el curso de los acontecimientos.

- El afán de conocimientos, sobre todo religiosos.

- El deseo de lograr el reconocimiento social de la imagen del creyente en esta religión.

- El establecimiento de buenas relaciones humanas.

- El reconocimiento de la necesidad del trabajo.

- El papel que le otorgan a la religión en la espiritualidad.

- La significación del bienestar asociado a un status económico favorable.

- La aspiración de ocupar determinadas posiciones jerárquicas dentro del grupo religioso.{mospagebreak}

La confianza en la fe y el respeto a las normativas religiosas se encuentran indisolublemente unidas al sustento y funcionamiento de esta expresión religiosa. En el contenido de este valor se expresan aspectos vitales de la relación del hombre, la naturaleza y la sociedad y en concordancia, de su vínculo con los orishas, ceremonias y ritos religiosos. Ellos son constatables lo mismo en la significación que se le concede al poder de los orishas y antepasados; que en la obediencia incuestionable al Ita (predicciones acerca del pasado, presente y futuro que rigen la conducta de un iniciado en estas practicas); o en el respeto a los principios y patrones que impone la religión; en la dedicación y responsabilidad que, estiman los creyentes, imponen los conocimientos y poderes que la religión les brinda; o en la mesura que deben tener ante los mayores religiosos y en general en la opinión de que sin la fe en todas sus creencias no es posible constatar los beneficios por la intervención de lo sobrenatural. Todos estos elementos constituyen requisitos normativos para un creyente en la Regla Ocha.

Al abordar lo normativo se debe mencionar que los principios regulativos de esta religión no forman parte de complejas abstracciones teóricas, como si sucede en las denominaciones cristianas. Estos principios se circunscriben, esencialmente, a las categorías del bien y el mal, a lo que se entiende por beneficioso y a lo que se considera contraproducente y dañino.

El cumplimiento de cualesquiera de las normas adquiere un carácter, mayor o menor de obligatoriedad, según sea la influencia del grupo religioso y los dirigentes de culto sobre los iniciados, el tipo y magnitud de los problemas y conflictos por los que ha atravesado y/o atraviesa el creyente, la motivación de acercamiento y permanencia en la religión, las experiencias positivas vivenciadas con las prácticas de sus creencias, y la valoración que se haga de la interrelación vida-muerte-religión. Esta última condicionante adquiere especial connotación en los marcos de la contradicción confianza-temor, ya que para los creyentes en la Regla Ocha el poder de las deidades y de la naturaleza pueden ponerse en función, tanto de la protección, gratificación y la ayuda, como del castigo o la muerte por incumplimientos y desobediencias.

Como se observará, en este tipo de creencias y prácticas religiosas, donde persiste lo mítico, el pensamiento funciona básicamente por antinomias y analogías que encuentran un referencial en la vida cotidiana de los hombres (3).

Se conoce que la forma en que es percibido el orisha que representa a cada iniciado incide en la conducta, bien reforzando actitudes y comportamientos existentes o transformándolos. Es común en estos creyentes el deseo de parecerse a lo que califican su "ángel de la guarda", por lo que de acuerdo a la imagen que tengan de él, orientarán su conducta como muestra de fidelidad. Suele oirse decir por ejemplo, que los hijos de Shangó son valientes, dispuestos siempre a enfrentar los problemas con agresividad y los hijos de Ochún son duchos en el amor. Un estudio realizado por el Departamento de Estudios Religiosos, permitió conocer que dicha imagen puede introducir variaciones, además, en características de la personalidad como la seguridad o nó, el carácter, el gusto y los intereses.

Si bien la connotación otorgada a las creencias y prácticas religiosas, tanto en lo referido a la fe como al respeto a las normativas religiosas, si bien generalmente actúa como el impulsor principal en la vida, no existe una unidad de criterios respecto a su aplicación. La diversidad de interpretaciones de cada uno de los oddun (caminos), transmitidos en lo fundamental oralmente, traen consigo diferenciaciones en cuanto a cómo dar a conocer el respeto a la religión y a su vez conductas variadas con consecuencias personales y sociales diversas.

Junto al valor anteriormente señalado suelen destacarse otros más vinculados con la proyección social de los creyentes, entre los que resaltan el reconocimiento de la familia y la concepción de que un individuo apoyado en sus deidades puede intervenir en el curso de los acontecimientos.

La familia es considerada tan importante para los iniciados como el respeto a las normativas religiosas. Cuando se habla de familia en la Regla Ocha no se establecen distinciones entre la familia consanguínea y la de religión en cuanto a los roles a cumplir por sus miembros y las relaciones que deben darse entre ellos. Las características de la familia consanguínea son transferidas a la de religión, por lo que un padrino es interpretado como un padre, una madrina como una madre, un ahijado como un hijo y los ahijados de una misma madrina y/o padrino, como hermanos. La elevada significación de la familia, puede decirse, que deviene de la simbiosis que se establece entre la consanguínea y la derivada de las relaciones en el grupo religioso.

De forma bastante generalizada se aprecia que para un practicante de la Regla Ocha quien no es buen hijo, buen padre, buena madre, no puede ser buen ahijado, buena madrina, buen padrino y viceversa; quien no tiene solucionados los problemas en el hogar no puede ayudar a resolver aquellos de los integrantes del grupo religioso, quien no busque la armonía y la tranquilidad en su casa, no puede luchar porque existan entre los creyentes que le rodean. Así también, la veneración a los antepasados, esencial en esta expresión religiosa, adquiere una forma de manifestarse en el gran respeto a la familia, a sus mayores y en el amor que florezca en ella.

Es opinión de muchos de los iniciados que si no existen buenas relaciones sobre la base del respeto, la comprensión y la ayuda no se está cumpliendo con la religión.{mospagebreak}

Es innegable el lugar que ocupa la familia en la vida de estos creyentes, lo cual permite reflexionar sobre el papel que puede desempeñar en ellos la religión. Aquellos que logren ser consecuentes con sus concepciones acerca de la familia y que luchen efectivamente y lleguen a alcanzar una convivencia armoniosa, estarán luchando y alcanzando también tranquilidad, equilibrio emocional y por ende estarán en mejores condiciones de dar su aporte a la sociedad.

No obstante lo positivo de este valor, no podemos obviar que en ocasiones la familia se convierte en un círculo cerrado fundamentado en la defensa a ultranza de sus integrantes y en el no reconocimiento de los errores que sus miembros puedan cometer.

Por su parte, la posibilidad de intervenir en el curso de los acontecimientos y más específicamente la de influir y solucionar los problemas de las personas no debe aislarse de las concepciones acerca de la familia o de las asociadas a la fe. Algunos iniciados refieren que es la religión la que les permite ayudar a los demás y es sobre la familia donde ejercen su mayor incidencia.

La capacidad de brindar ayuda siempre que alguien la necesite constituye un factor valioso en la solidaridad humana, una contribución en la búsqueda de una mejor convivencia, en el mejoramiento de las relaciones entre los hombres y un aporte a la paz y a la tolerancia.

Es necesario aclarar que algunos de estos creyentes distorsionan este valor y transforman por ejemplo, la solidaridad y la disposición a actuar en favor de los demás en conductas justificativas y acríticas ante actividades ilegales y determinados delitos que cometen personas que acuden a las prácticas de la Regla Ocha para evadir la justicia.

La connotación que adquieren la confianza en la fe, el respeto a las normativas religiosas, la familia, y la creencia en la posibilidad que tiene el iniciado de intervenir en los acontecimientos de la vida, garantizan la cohesión del grupo religioso en torno a dirigentes de culto, casas culto y determinadas formas de prácticas religiosas. Todo lo cual permite inferir la existencia de vínculos estrechos entre los miembros de un grupo estable de creyentes en la Regla Ocha.

Si se continuara el análisis de cada uno de los valores presentes en esta expresión religiosa, observaríamos igualmente que promueven cualidades valiosas en el ser humano, pero que en ocasiones, llegan a convertirse en un freno para el desarrollo personal o social. Los valores religiosos de la Regla Ocha no son por su contenido, ni positivos ni negativos. Ellos adquieren este carácter según sea su manifestación en un individuo concreto.

El estudio de los valores religiosos de la Regla Ocha sugiere la existencia de un proceso de conservación y ruptura con sus religiones originarias africanas. Si se profundiza en los principios que rigen la vida de los yorubas, se encontrarán puntos de contacto entre ellos y los iniciados en Ocha cubanos. La religión yoruba se dirige a la formación del individuo Omuluwabi, que según sus percepciones es presentado como aquel que es capaz de respetar a sus mayores, que sea leal a su familia y a sus tradiciones, que sea honesto, que asista al necesitado, entre otras cualidades. Para los pueblos yorubas mantener la solidaridad en el grupo es elemental, así también lo son la hospitalidad y el compañerismo (4). Como se observará, los aspectos anteriores se encuentran, de una u otra forma, reflejados en los valores que guían a los creyentes en Cuba, sin negar la autoctonía y riqueza que le aportan las determinantes sociohistóricas de nuestro país.

Valores religiosos y cambio social

Los valores forman parte de la realidad social, ellos se encuentran en el centro de la relación de significación entre los distintos procesos y fenómenos de la vida social y las necesidades e intereses que se dan a un nivel societal e individual.

Los valores conforman todo un sistema, ya sea a escala social, grupal o personal. La presencia de ellos y su jerarquía depende de condiciones sociohistórico-concretas que les otorgan determinadas pecualiaridades. El hombre valoriza fenómenos y objetos de acuerdo a sus conocimientos, vivencias, características personales y de la sociedad y valores transmitidos por la familia, personas allegadas e instituciones sociales. En este proceso ejerce influencia, tanto el pasado (vivido o transmitido), el presente, como la idea que se tenga del futuro.

El hombre en la búsqueda de la armonía psíquica y física tiene que lograr cierta correspondencia entre necesidades e intereses sobre los que se estructura su sistema de valores y los estatuidos socialmente. De ahí que los valores funcionan lo mismo formando parte de un mecanismo reflejo de la realidad, que como un mecanismo de respuesta alternativa ante cualquier situación de inestabilidad o conflicto.

Es necesario destacar que el sistema de valores es dinámico y por lo tanto un cambio en el decursar de la vida de un individuo o de una sociedad repercute en el proceso reflejo de la conciencia, y consecuentemente en todo aquello que regula la conducta, moviliza y orienta la actividad con cierto grado de estabilidad.

Los valores religiosos, al igual que el resto de los valores funcionan en interrelación con todo un mundo psíquico, social e histórico determinado. Los valores religiosos se comportan como cualquier otro valor del sistema y así también reciben las afectaciones de la realidad e intervienen en ella.{mospagebreak}

Al analizar la interacción entre los valores religiosos de la Regla Ocha y la sociedad cubana contemporánea, se tiene que tener en cuenta que entre las expresiones que conforman el cuadro religioso en nuestro país, ésta ha sido una de las que, en sentido general como grupo, no se ha proyectado en contra del proceso revolucionario; por lo que la dialéctica entre los valores religiosos que esta religión profesa y los valores de la Revolución, ha sido menos conflictiva.

Entre los principales valores promovidos socialmente en los últimos 35 años se encuentran aquellos relacionados con la solidaridad, la independencia, la justicia y la educación. Cada uno de esos valores adquieren una forma de expresarse en los creyentes de la Regla Ocha.

De esta forma se pudieran mencionar valores religiosos como el afán de conocimientos y la necesidad de ayudar a los demás. En el primero ha incidido la importancia que ha ido cobrando la superación en las últimas cuatro décadas. Antes de 1959 la procedencia social de estos creyentes era muy humilde, por lo que no contaban con los recursos disponibles para realizar estudios. La gran mayoría de ellos vivían en condiciones muy adversas que impedían proyectar objetivamente intereses, necesidades, aspiraciones y planes para la vida en la educación.

Es válido agregar que la composición socioclasista al interior de la Regla Ocha, ha estado marcada por personas de la raza negra, lo cual debido a la intensa discriminación racial existente antes del año 1959, constituía una condicionante que frenaba expectativas y sueños de superación.

En estos momentos, a la vez que existe la posibilidad real de adquirir conocimientos, también se encuentra instituido lo imprescindible de estudiar para lograr un mayor desarrollo personal. Sólo en la actualidad se hace real para estos creyentes pensar, tanto en el aprendizaje escolar como en el religioso.

Por su parte, la necesidad de ayudar a los demás a pesar de ser inherente a esta expresión religiosa adquiere sus peculiaridades como manifestación de la solidaridad. Es conocido a nivel internacional que la práctica solidaria con otros países ha regido como principio del proceso revolucionario efectuado en el país a partir de fines de la década del cincuenta. En tales circunstancias babawos y santeros, formando parte del pueblo cubano, han hecho válida esta práctica inspirados en la importancia que tiene para la Regla Ocha demostrar la capacidad de ayudar al resto de los hombres, de atenuar, eliminar o evitar males a la humanidad que los rodea.

La connotación que adquieren la confianza en la fe, el respeto a las normativas religiosas, la familia, y la creencia en la posibilidad que tiene el iniciado de intervenir en los acontecimientos de la vida, garantizan la cohesión del grupo religioso en torno a dirigentes de culto, casas culto y determinadas formas de prácticas religiosas. Todo lo cual permite inferir la existencia de vínculos estrechos entre los miembros de un grupo estable de creyentes en la Regla Ocha.

Al tratarse el tema de la independencia, tan abordado en todas nuestras etapas históricas, debe comprenderse que su percepción puede ser en un sentido político o tener su referencial en la cotidianidad. De igual forma en la misma medida en que constituye un valor social, también puede expresarse a nivel grupal o individual. Es de suponer que en los creyentes de la Regla Ocha este valor haya ejercido su influencia. Si nos detenemos por ejemplo en el funcionamiento de los grupos religiosos que practican esta religión, evidenciamos que este término es entendido como la libertad de actuación del ser humano. Conforme a esa interpretación cada grupo desarrolla sus propias concepciones, y se siente con el derecho de seguir sus propias líneas religiosas, no compartiendo la idea de una integración en las que un grupo de babalawos determinen y rijan sobre los restantes creyentes. Con esta manera de pensar, que ha estado presente desde el mismo surgimiento de la Regla Ocha en Cuba, se han entrecruzado diferentes concepciones sobre la libertad de expresión y libertad religiosa, la falta de una doctrina homogénea que trace pautas a seguir y prejuicios, entre tantos factores existentes.

Cuando se aborda la relación entre valores presentes en esta expresión religiosa y la sociedad, no debe obviarse la necesidad de reconocimiento que manifiestan sus creyentes, la que esperan alcanzar a través de los conocimientos, de la ayuda a los demás, de las buenas relaciones, de sus poderes religiosos, condiciones ventajosas de vida o dedicación a las deidades religiosas. Al respecto valdría la pena preguntarse:

¿Por qué insisten tanto en distinguirse del resto de los hombres?

¿Por qué entre las preocupaciones fundamentales de estos creyentes está la necesidad de demostrar la validez que tienen sus prácticas y lograr el afecto y admiración como religiosos y seres humanos?

En la búsqueda de esos por qué no se deben dejar de desentrañar sus raíces históricas, el tratamiento discriminatorio a que fueron objeto estos creyentes, las formas de introducción en Cuba de este tipo de religión y su posterior desarrollo lleno de obstáculos y limitaciones.Las contradicciones que se les fueron presentando a estos creyentes en las condiciones cubanas, les han impuesto la búsqueda de un espacio para insertarse en la sociedad de la que forman parte.{mospagebreak}

En la actualidad debido a la apertura religiosa que vivencia el país, como parte de la adecuación de la política a la realidad, estas personas se encuentran en mejores condiciones de olvidar frustraciones y ansias reprimidas y transformarlas en deseos de luchar y ser mejores; lo cual los convertiría en ciudadanos más útiles.

Evidentemente esta apertura religiosa se ha producido en los marcos de un período crítico para la sociedad cubana, por lo que no necesariamente ha desencadenado la extensión del amor. Insatisfacciones y carencias materiales unido a otros precedentes, han afianzado y promovido el lucro, la ambición y la comercialización religiosa. La adquisición del poderío económico se erige como un valor incuestionable para una porción de los practicantes de la Regla Ocha. Sobre esta base algunos engañan y explotan a los que reclaman por ayuda y buscan compensación.

No obstante esta tendencia negativa asociada a la alta significación del dinero y los bienes materiales y la posibilidad de alcanzarlos por medio de la religión, no siempre puede asociarse a conductas deformadas, ya que en ocasiones constituye un estímulo en la búsqueda de soluciones para enfrentar determinadas situaciones conflictivas.

Cualquier período de crisis de un país trae aparejado cambios en los sistemas de valores. Dichos cambios provocan lo mismo el surgimiento de nuevos valores, el afianzamiento de otros, transformaciones en la forma de manifestarse, depauperación o crisis de valores.

Los síntomas de una crisis de valores, según el Doctor José Ramón Fabelo (5) son, la "perplejidad e inseguridad de los sujetos sociales acerca de cuál es el verdadero sistema de valores, qué considerar valioso y qué antivalioso"; el "sentimiento de pérdida de validez de aquello que se consideraba valioso y, en consecuencia, atribución de valor a lo que hasta ese momento se consideraba indiferente o antivalioso; cambio de lugar de los valores en el sistema jerárquico subjetivo, otorgándosele mayor prioridad a valores tradicionalmente más bajos y viceversa". Ël agrega, además, que "todo esto provoca en la práctica conductas esencialmente distintas".

Teniendo en cuenta estos síntomas, pudiera hablarse tanto devalores religiosos debilitados, como son el colectivismo, la importancia del trabajo y de algunas normas y principios morales, así como también, en contraposición, de que otros que se consolidan en respuesta a la difícil coyuntura como el de la familia. En este caso la familia concebida dentro del grupo de los practicantes de la Regla Ocha, al igual que lo que ocurre a nivel social, se ha convertido en un mecanismo de estabilidad psíquica y material de gran connotación para atenuar los efectos del período especial (6).

El reflexionar acerca de la crisis en que se sumergen algunos valores en la sociedad cubana y, en general en el mundo, implica no sólo describir el fenómeno sino analizar las potencialidades con que se cuenta para enfrentarla y superarla. En este sentido es válido referirse al papel que está jugando y puede llegar a alcanzar la religión debido a los valores que promueve.

Los valores religiosos de la Regla Ocha pueden desencadenar la constante preocupación y el esfuerzo por superar las dificultades; el no conformismo con los problemas, la resistencia ante conflictos; la sensibilidad humana, la alta valoración de la vida y la familia; el respeto a las personas; la búsqueda de las buenas relaciones; la fidelidad; a la vez que la fe religiosa brinda compensación, protección y para algunos se convierte en vía para lograr la realización personal a través del reconocimiento social. Todos estos aspectos, siempre que lleguen a formar parte de la práctica cotidiana de los creyentes (lo que no siempre sucede), se convierten en mecanismos alternativos de incuestionable importancia en la búsqueda del equilibrio en un individuo y en la sociedad.

Ante la actual situación del mundo donde prevalecen palabras como crisis o reorientación de valores se hace necesario promover un enfoque desprejuiciado de esta religión y en correspondencia dirigir un trabajo de promoción, rescate y divulgación de valores religiosos que puedan ser capaces de desarrollar cualidades positivas de la personalidad.

A la sociedad no le debe interesar quién promueve los valores, si es la religión o nó, o el tipo de expresión religiosa que lo haga, sino cómo esos valores se dirigen o nó al desarrollo integral de un hombre culto, justo, solidario, tolerante, activo en la transformación de su propia realidad y preparado para las adversidades del Siglo XXI.

NOTAS Y REFERENCIAS

(1) Al hablar de la religiosidad del cubano no sólo estamos pensando en religiones institucionalizadas, sino en aquella que se fué conformando a partir del aporte de creencias y prácticas religiosas legadas por los diferentes troncos etnoculturales asentados en la Isla.

(2) La Regla Ocha también es conocida entre creyentes por santería. De igual forma un iniciado en la Regla Ocha se conoce también como santero.

(3) Ver Fariñas, Deisy. Formas tempranas de religión en Cuba. Tesis de Doctorado 1994. Capítulo I.

(4) Según estudios de Ferraudy Espino, Heriberto, expuestos en el libro "Yoruba. Un acercamiento a nuestras raíces". Editora Política. La Habana 1993.

(5) Fabelo, José Ramón en su intervención en la Audiencia Pública convocada por la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba acerca de la formación de valores en las nuevas generaciones. 1995.

(6) Puede profundizarse en el resultado de investigación del Departamento de Familia del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas acerca de los impactos del período especial en la familia cubana (1994).

 

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