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Pattakí de Yemayá

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Al principio aquí abajo solo había fuego y rocas ardientes. Entonces Olofi, quiso que el mundo existiera y convirtio el vapor de las llamas en nubes. De las nubes bajó el agua que apago el fuego. En los huecos enormes entre las rocas se formó Olokun, el Océano que es terrible y a quien todo el mundo teme. Pero el mar también es bueno, porque es la fuente de la vida, y el agua hizo venas en la tierra para que la vida se propagara. Esa es Yemayá la Madre de las Aguas.

Atributos y herramientas: Sol, Luna llena, ancla, salvavidas, bote, siete remos, siete aros, llave, estrella, siete aros de plata. Estos objetos elaborados en plata, acero, lata o plomo. Iruke adornado con cuentas azules y blancas. Campanita que se utiliza para saludar y para que preste atención cuando se habla con ella. Abanico con varillaje de nacar y oro, adornado con cuentas y caracoles.

Bailes:
Yemayá,cuando se sube ríe a carcajadas y da vueltas como las olas y gira como los remolinos del océano. Unas veces bracea como nadando, otras representa una zambullida para sacar caracoles, algas y peces para sus hijos. En otras ocasiones parece remar hasta la orilla donde siempre la espera Ochún. Sus danzas comienzan con suaves ondulaciones, como las aguas que agita suavemente al soplo de la brisa, pero va aumentando en intensidad, como un oleaje que se enfurece.

Catolización:
En fecha tan lejana como 1660 se erigió en el caserío de Regla, en terrenos del ingenio Guaicamar, un bohío que cobijaba una imagen de la Virgen de la Regla de San Agustin. (Cuenta la leyenda acercadel Obispo llamado San Agustín "El Africano" -nacido y fallecido en Africa (360-436)-,que cuando era muy joven tuvo una revelación de un ángel que le ordenó tallar en madera la figura de una imagen que debía colocar, bien adornada, en su oratorio. Los siglos borraron el nombre que San Agustín le hubo de poner, aunque parece ser Virgen de Regla. Diecisiete años después de su muerte, un discípulo de San Agustín , conocedor del secreto de la revelación, llamado Cipriano, para evitar que la figura fuera profanada por los bárbaros, embarcó con la imgen en una pequeña nave y llegó a un punto de las costas de España, cercano al lugar que hoy ocupa la Virgen de Regla en la villa de Chipiona, Cádiz. Se dice que a pesar de una tormenta que los sorprendió en medio del estrecho de Gibraltar, la imagen no sufrió deterioro alguno, ni Cipriano, ni la pequeña embarcación, considerandose éste su primer milagro, que fuera ampliamente comentado por marinos y pescadores. Finalmente la tradición se encargó de hacerla Patrona y Protectora de todos los marinos) Dos años después, el bohío fue arrastrado por una tormenta. Juan Martin de Coyendo, un hombre piadoso y modesto, se dio a construir con sus propias manos (y la ayuda económica de Don Alonso Sanchez Cabello, comerciante habanero) una ermita de mampostería. Quedó terminada en 1664, cuando llegó a La Habana una nueva imagen de la Virgen, traída por el Sargento Mayor, Don Pedro de Aranda. La instalaron en la ermita. Allí fue objeto de mucha devoción y el 23 de diciembre de 1714 la Virgen quedó proclamada Patrona de la Bahía. Sus fiestas fueron tradicionalmente muy populares entre todas las clases sociales. Blancos, nobles y negros esclavos-liberados por unos días- bebían aguardiente y presenciaban peleas de gallos e inesperadas corridas de toros. En el aire repicaban alegres villancicos a la dulce María, pero también profundos toques de batá que evocaban a Yemayá. La sincretización de Yemaya con la Virgen de Regla resultó natural: la Virgen es la madre de Dios, hay que cruzar el mar para venerarla y reside en su orilla; Yemayá es la madre de todos los orishas , la misericordiosa reina del mar, que es su morada.

 

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